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6.7.2016
NOTICIAS DE LA ENERC
FORMACIÓN COMUNITARIA
En primera persona: Constanza Epifanio

Hoy escribe Constanza Epifanio, alumna del último año de la carrera que se dicta en la Sede NOA de la ENERC.

Desde que descubrí que quería estudiar y dedicarme al cine, supe que la ENERC era, por lejos, mi mejor opción para hacerlo. Era complicado, tenía que irme a vivir a una provincia que quedaba a 1400 kilómetros de la mía, no sabía qué me esperaría allá, además, estaba el tema de “qué hacer” si no pasaba los exámenes. Iba a intentarlo y sabía que si no ingresaba, volvería a probar al año siguiente.

En medio de esta situación, alguien me comentó que se iba a abrir una sede de la institución en Jujuy, para todo el NOA. No lo creí, y seguí enfocándome en mis planes de irme. Un día, vi la noticia en un diario: ¡estaba pasando!

Me parecía mentira, que la escuela a la que tanto quería asistir, abriera una sede a una hora y media de casa (soy de Salta), justo el año en el que me propuse ingresar. Todos mis planes dieron un giro, miré al norte de mi norte por primera vez como una posibilidad y puse toda mi voluntad, ganas y energía en aprobar esos exámenes.

Y fue así como en cuestión de meses ya era parte de la primera camada de la ENERC Sede NOA. Todo era nuevo, un poco desorganizado, sin mucha estructura y estaba siendo experimentado por nosotrxs, como también de alguna forma, nosotrxs éramos un experimento. Fue un primer año de subidas y bajadas, complicado, conflictivo y en muchos momentos nos sentimos perdidxs. Ser el primero en hacer algo significa un desafío, pero después, al ver los resultados, te da una satisfacción tan plena…

Este desafío, envolvió a un grupo humano gigante. Un equipo, mejor dicho, porque todos y todas tirábamos para un mismo objetivo: sostener esta escuela. Desde cada profesor/a que venía a compartir una semana intensa (siempre con tantas ganas e interés en formarnos y poniéndose a total disposición nuestra) hasta nosotrxs, lxs estudiantes, que (me enorgullece decirlo) nunca dejamos de luchar para que la escuela crezca. Además, logramos establecer una relación llena de amor y fuerza, con ganas de ayudarnos a aprender más cada día.

Creo importante resaltar, en este equipo, a Enrique Cortés, nuestro querido profesor de guion y coordinador de la sede, quien tuvo mucho que ver con que este sueño sea posible. Me imagino que no cualquiera nos hubiera escuchado de la forma en que él lo hizo, con cada queja, capricho, molestia y pedido que le hicimos. No cualquiera hubiera sabido guiarnos, cuando todo parecía irse de control. Y más importante aún, no cualquiera hubiera creído en nosotrxs de la forma que Enrique creyó. Recuerdo que una vez me dijo: “Me encanta la palabra profesor, porque habla de alguien que profesa una fe, y sólo se trata de eso, de creer en ustedes”.

En su segundo año, es bueno decir que la escuela tiene más forma de escuela, que somos. y vamos a ser, cada vez más, que ahora tenemos una base sosteniéndonos.

El desafío no termina, crece y se modifica con cada paso que damos. Hay nuevas y diferentes inquietudes todos los días, cosas que organizar, caminos que trazar.

Nos encontramos justo en el medio de la encrucijada, pero me atrevo a hablar por todxs cuando digo que no podríamos estar más felices de estar donde estamos.

Y, en lo particular, creo que nunca me aferré tanto a algo como a esta institución. El amor y el orgullo que siento por nuestra sede, pero también por la ENERC en general y todo lo que su nombre incluye, crece todos los días un poco más.

Me di cuenta que nunca vamos a dejar de ser el experimento, y aunque hay cierta presión en ello, viene en el paquete de ser de esta primera camada.
Si me dieran a elegir, volvería a ser parte de este experimento, sin dudas.