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13.10.2016
NOTICIAS DE LA ENERC
EN PRIMERA PERSONA

Hoy escribe Cristhian Aguilera...

Hoy escribe Cristhian Aguilera, alumno de la carrera que se dicta en la ENERC NEA.
¿Qué puedo decir? Si alguien me decía hace unos años que iba a estar estudiando cine en Argentina, capaz no me burlaba, pero si lo hubiese tomado como una broma sin más. Estudiar cine siempre fue un sueño particular muy íntimo, casi secreto y de dónde vengo es difícil estudiar, sea la carrera que fuere, y más difícil cumplir este tipo de sueños. Si bien internet facilita todo hoy en día en lo referente a capacitación e información, aún es relativamente dificultoso el poder seguir los estudios en una institución de renombre y con calidad educativa comprobada. Y más aún cuando se es extranjero, como es mi caso. Y no me refiero a la parte económica, sino a otros muchos factores, que sumados, hacen que nos replanteemos el abandonar nuestros rutinarios trabajos y aventurarnos a nuevas experiencias, expandir horizontes y quizá, por lo menos, cumplir aunque sea una ínfima parte de esos sueños, que nos invaden cuando no estamos satisfechos con lo que hacemos.


Mi nombre es Cristhian Aguilera, tengo 30 años y soy paraguayo. Hace como cinco años que me dedico al mundo Audiovisual como montajista, después de haber probado carreras tan diferentes como Ingeniería Civil o Geología, además de ser egresado de técnico en Construcciones Civiles. Por razones que desconozco o no recuerdo, encontré mi vocación en este rubro. Amo el AVID, que es la plataforma en la que trabajo, además de hacer el obligado recorrido por otras áreas de la realización. En Paraguay cuando aún empezaba en este mundo, ser cineasta era más o menos como una locura para mí y para mi familia. Afortunadamente en mi país actualmente se están dando pasos gigantes en busca de una industria audiovisual y cinematográfica avalada por una Ley de Cine que aún es evasiva, pero que en cualquier momento llega gracias a los esfuerzos de los innumerables profesionales que luchan por este ideal. Y fue así que terminé en un taller de especialización en Montaje Cinematográfico organizado en Asunción por La RECAM, a través de un programa llamado MERCOSUR Audiovisual.

El profesional encargado de dar el taller fue un egresado de la ENERC, Emiliano Fardaus, Montajista, a través de quien escuché por primera vez el nombre de la Escuela, y quien sembró en mí la semilla testaruda de querer estudiar cine en la ENERC. Desde entonces, investigué y se empezó a formar el deseo de ir a Buenos Aires a cumplir ese capricho. Hasta que en una de esas ocasiones, mientras me informaba más sobre la escuela, me enteré que en Formosa se abriría una sede. Si bien son como 120 Km desde la frontera entre Paraguay y Argentina, Formosa es prácticamente “a la vuelta de mi casa”. Desde ese momento dije “Ahí debo estar yo”. Desafortunadamente me enteré fuera de las fechas de inscripción para el 2015, año en que la sede NEA abría sus puertas, pero eso no me detuvo para prepararme hasta conseguir ingresar en abril del 2016, cosa que se dio con mucho esfuerzo y paciencia (paciencia porque para convalidar mis certificados de estudios y otros documentos con el Ministerio de Educación de Argentina llevó más tiempo de lo esperado, quedando casi sin posibilidad de llegar para los exámenes de ingreso) Y fue en ese momento cuando descubrí la calidez, el profesionalismo y el compromiso de las autoridades de la ENERC tanto de la sede NEA así como de la sede Centro al hacer todo lo posible para que un extranjero desconocido y ansioso por estudiar cine pueda cumplir su sueño.

Y logré ingresar. Pero más allá de tener esta oportunidad, considero que el verdadero tesoro de este pequeño viaje que estoy llevando a cabo son las amistades que hice en este tiempo. Encontrar personas afines a mis anhelos de hacer cine no tiene precio, y más aún con una diversidad cultural regional como la que tenemos en el curso. Estamos dos paraguayos, además de gente de Misiones, Corrientes y por supuesto sin olvidar a los amigos de la hermosa Formosa, gente que como dije hace que esta experiencia sea cada día más placentera y llevadera, ya que en mi caso particular que me encuentro relativamente lejos de mi familia y seres queridos, es como si encontrara una familia en la que confiar y con quien compartir las dudas y las cargas, estando lejos de mi casa. Koziarski, Ruiz Díaz, Recalde, Lorenzo, Guillón, Varella, Baldessari, Aguiar, Silva son solo algunos de los nombres que están ahí, dando una amistad incondicional a un extraño con una cámara. Sé que suena medio cliché lo que estoy diciendo, pero ser agradecido nunca está de más, y voy a seguir agradeciendo porque una oportunidad como ésta, con gente como la que tengo a mi lado, no se encuentra todos los días así nada más.


Y acá estoy, casi cinco meses después, haciendo planes de rodaje, planillas de producción, leyendo, escribiendo guiones, reescribiéndolos, reescribiéndolos (¿ya dije reescribiendo guiones?) y absorbiendo cada gota de conocimiento y experiencia que todos los profesores comparten con nosotros en clase, haciendo gala de la misma pasión que representa para mí la ENERC y con la responsabilidad y seriedad que se puede esperar de profesionales del Cine y el Audiovisual Argentino. Hace años me divertía con “Los Simuladores” de Szifrón, y hoy me rompo la cabeza con “La niña Santa” de Lucrecia Martel. Son pequeñas pinceladas de un mural mucho más grande que representa el cine para mí. A veces tengo miedo de despertar y darme cuenta que aún sigo atado a mi isla de edición, y que todo esto es solo un lindo sueño, un divague de alguien que nunca está satisfecho con lo que hace, alguien que quiere más, alguien que quiere devorarse el mundo con la cámara y si me lo permiten, llevar un pedazo de mi cultura a fronteras lejanas.